viernes, 16 de enero de 2009

El tren sellado


Durante la guerra mundial millones de balas alcanzaron su objetivo. Los ingenieros idearon los proyectiles más violentos, más potentes y de más largo alcance. Pero ninguno lo tuvo mayor ni fue más decisivo para la historia reciente que ese tren, cargado con los más peligrosos y más decididos revolucionarios del siglo y procedente de Suiza, atraviesa silbando toda Alemania, para llegar a Sant Petersburgo y allí hacer que el orden de la época salte en pedazos”.

Así narra Stefan Zweig en su cuento “El tren sellado”( dentro de “Momentos estelares de la Humanidad. Catorce miniaturas históricas”) el viaje a través de una Europa en guerra del bolchevique Vladimir I. Lenin desde su exilio suizo hasta San Petersburgo, para iniciar la Revolución en su país.

Muy curiosa fue la postura alemana. El Estado Mayor alemán era lógicamente el mayor enemigo de la Revolución, pero tenía plena conciencia de la utilidad que podía sacar de su apoyo al triunfo de la misma para eliminar a Rusia del conflicto. Así, acompañado por treinta y dos personas, Lenin parte en el célebre “vagón sellado”, que atraviesa velozmente y sin paradas territorio alemán, para llegar a Estocolmo y de allí llegar por fin a la estación de Finlandia de San Petersburgo, donde esperaba a Lenin una entusiasta multitud. El asalto al poder por los bolcheviques está en marcha y una de sus primeras decisiones será la firma de la paz con Alemania.